¡LA ESPADA DE LA XVI CMLP !
Decimosexta CMLP, hoy me desperté como siempre durante mis horas
de sueño, pero muy diferente a otras veces, no era mi cama de siempre de la que
levanté mi frazada y sábana, tampoco era el dormitorio de todas las noches,
miré las palmas de mis manos y vi lo de siempre una M bien marcada en cada una
de ellas, mi abuela siempre me decía que esas marcas sólo las podía tener un
predestinado y que tenían una misión en la vida.
Me senté al borde de la cama, estiré mis brazos y mirando hacia
adelante pude notar que existían otras camas de dos pisos, sobé bien mis ojos y
volví a mirar…pues sí…sí era una cuadra ¿Qué me ocurre pregunté? Algo brillaba
encima de mi cama y al tomar el objeto mi corazón palpitó con mayor fuerza…era
una bayoneta…alcé mis brazos y comenzó a destellar iluminando la zona de mi
camarote, sentí el impulso de pasearla por todo el medio de la cuadra, llegué
hasta el fondo, giré en 90 grados dando lugar a que todo el corredor entre los
camarotes se iluminara y un viento helado me hacía salir hacia afuera, hacia el
patio no pudiendo dejar de elevar el pequeño sable, sí promoción, si me dije si
estaba loco pero no, el frío penetrante, el silencio sepulcral por estar en
descanso toda la compañía de quinto año y el viento que llegaba del fondo del
estadio silbaba fuertemente, se me escarapelaba el cuerpo pero el valor de ser
soldado me hacía sobreponerme y empujado por un sentir celestial continué con
lo que se convirtió aquel momento un ritual de soldados, una misión que debería
cumplirse en su momento que de esa noche no podía dejarse de realizar.
No podía ser un sueño ya que mi cuerpo se escarapelaba por el
fuerte frío que se siente al estar muy cerca del mar y sí, ya estando fuera del
portón de ingreso a nuestra alma mater con el impulso de algo que me obligaba a
hacerlo llegué al borde del acantilado y miré en esa noche clara que hacía ver
las ondas marinas del mar de Grau, qué inmenso que es nuestro océano me decía
mientras a lo lejos a pesar de la oscura noche pude ver una nave de la cual
salía un resplandor, una luz que me guiaba y un viento fuerte que me empujaba
hacía adelante y mis brazos levantados portaban la bayoneta que desprendía
luces brillantes por el reflejo de la Luna.
Mientras caminaba se reflejaban en mi mente los años felices de
unos jovencitos que amaron sus tres maravillosos años en que compartieron
alegrías, nostalgias por el encierro obligatorio de todo novato, como si fuese
una exhibición de cine pude volver a esos recuerdos donde cada día, cada
semana, cada mes aprendíamos nuevas experiencias de todo leonciopradino, jamás
podremos dejar de soñar con esos días emocionantes que nos forjaron, que nos
enseñaron a ser verdaderos hermanos de la misma sangre y que hoy conservamos y
compartimos cada día ese amor fraterno, un sentimiento que jamás desaparecerá y
cuando nos toque la partida al cielo seguiremos siendo los mismos soldados de
uniforme beige con botas negras que se encontraron para amarse eternamente.
Sentí un fuerte escalofrío, se iluminó la noche fría para ver
una mano que salía del mar, arrojé como si fuese Excalibur nuestra corta espada
que fue tomada por una diosa que representa al amor fraterno que nace para
siempre…eternamente en todos los caballeros cadetes… del Colegio Militar
Leoncio Prado.
¡SEGUIREMOS BRILLANDO SIEMPRE…COMO AZUL HOGUERA!
Rodolfo Mendoza
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